lunes, 5 de julio de 2010

Las Re-educadoras Con Y

por Dania Virgen García

Periodista Independiente

 

2 de Julio del 2010

 

El lunes 7 de junio el periódico Trabajadores publicó un artículo titulado “Con sexto sentido”, donde la periodista Vivian Bustamante entrevistó a las suboficiales:  Yuslaidy Vera Martínez y Yunieska Drullet Díaz, dos educadoras de la prisión de mujeres Manto Negro, que pusieron como única condición para dejarse entrevistar y fotografiar que las dejaran retocarse el peinado.

 

La periodista, que quiso hacer “oídos sordos a referencias callejeras” (¿ex-reclusas, periodistas independientes?) y al mundo sórdido que muestran las películas americanas, faltó poco para que inventara para lectores tontos una cárcel de cuentos para nenes donde las hadas madrinas y las princesas son las re-educadoras.

 

Según las educadoras Yuslaidy y Yunieska (ambas de la Generación Y que dice Yoaní Sánchez, no porque sean blogueras ni nada por el estilo, sino por sus nombres raros, con “Y”), las reclusas confían en ellas y les cuentan sus problemas. Hasta las extrañan cuando están de vacaciones.

 

Las educadoras dicen que se ocupan de elevar el nivel cultural de las presas, que mantengan buenos vínculos con sus padres, hijos y esposos y hasta tratan que abandonen el hábito de fumar. 

 

¡Que romántico! ¡Que linda y conmovedora entrevista!  El problema es que  nunca vi tales cosas en Manto Negro. ¿Habré pasado dos semanas en una cárcel fantasma de pesadilla? Creo que no, porque casualmente conocí allí a las  suboficiales Yunieska y Yuslaidy. Nunca conversé con ellas, pero las escuché hablar entre ellas y como se expresaban ante las reclusas. Tan despóticas y mal habladas como casi todas las demás guardias. Aunque la verdad  es que las había peores: abusivas, groseras, cínicas, de aspecto hombruno, que trataban a las internas como perras sarnosas. Las que han tenido la desgracia de estar allí saben bien de quienes hablo.

 

Yunieska y Yuslaidy no son para nada como dijeron ser a la periodista de Trabajadores. A ellas, como a la mayoría de las militares del penal, no les interesa en lo absoluto ningún problema de las presas; cuando se ocupan de algo, lo hacen de muy mala gana y en pésima forma.

 

En Manto Negro (el nombre lo dice todo) no les preocupa elevar el nivel cultural de las reclusas ni de ocuparlas en actividades recreativas. Lo único que aprendes,  desde que entras, es a decir palabrotas y fajarte. 

 

Es difícil que alguien deje allí, con tanta tensión, el hábito de fumar. Todo lo contrario. Se fuma obsesivamente. Si lo sabré yo, que detesto el cigarro, y por poco salgo fumando.  No fui más allá del primer cigarro por el susto que pasé cuando casi quemo la colchoneta. Capaz que me hubieran abierto una causa por sabotaje.

 

Respecto a que las educadoras se ocupan de que las presas mantengan los vínculos con sus hijos, sería bueno oír que opinan Beatriz Suárez, Miriam Rondón y María la abogada, tres presas del Destacamento 12, separadas de sus niños, algunos de ellos enfermos.

 

Después que salí de la cárcel, mis nervios no han logrado recuperarse. Y eso que sólo estuve quince días. Imaginen como será con las mujeres que llevan más tiempo en las manos de las dulces re-educadoras Y. ¿Hasta cuándo pensará el gobierno seguir mintiendo acerca de las condiciones en las cárceles?


 


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